En la vibrante y siempre innovadora ciudad de Barcelona, el segundo día del AI Congress 2025, un evento de alcance internacional organizado por Eurecat con el firme respaldo de la Generalitat de Catalunya, trajo a la palestra un fascinante y, a su vez, inquietante tema: el irrefrenable avance de la inteligencia artificial agentiva.

Esta nueva frontera tecnológica promete revolucionar nuestra manera de interactuar con las máquinas ya que estas no se contentan con recibir órdenes pasivamente, sino que están empezando a planificar, actuar y aprender cual astutos estrategas autónomos.

Lali Soler, competente directora del Área Digital de Eurecat, argumenta con convicción que esta generación de inteligencias puede llevar la automatización de procesos a cotas insospechadas, permitiendo reducir costes y aumentar la productividad con magnitudes que podrían resultar insólitas.

Esta alianza entre innovación y eficiencia supone una oportunidad sin parangón para sectores tan diversos como el desarrollo de software, el servicio al cliente o la investigación científica.

Sin embargo, toda revolución tecnológica trae consigo sus propios enigmas y desafíos, plantando cara a nuestros preceptos sobre seguridad, gobernanza y ética.

El congreso, que forma parte esencial de la Estrategia de Inteligencia Artificial de Cataluña, fue un magnético imán para empresas tecnológicas, centros de investigación y administraciones públicas, quienes convergieron para explorar el impacto de la inteligencia artificial en campos como la robótica, la salud, la manufactura y la gestión de nuestro frágil entorno natural.

Empero, queda en el aire un interrogante tan abierto como inquietante: ¿cómo asegurarnos de que estas inteligencias, que actúan con una autonomía alarmante, siempre lo hacen a favor de los intereses humanos y sociales? Un dilema que genera ecos sonoros en España e Hispanoamérica.

Fuente: La Ecuación Digital