En un giro hacia el futuro que ya se nos avecina a ritmo de fado inquietante, la Asociación Española para la Difusión de la Inteligencia Artificial (AEDIA) ha desvelado el primer programa nacional de formación y gobernanza en IA. Este ambicioso plan pretende garantizar que la irrupción de la Inteligencia Artificial en nuestra tierra no solo sea segura y transparente, sino que también respete escrupulosamente los derechos humanos. Algo crucial en tiempos donde modelos generativos, con nombres casi de luchadores de MMA como ChatGPT, Gemini o Copilot, se abren paso dejando una estela de oportunidades y temores a partes iguales.

Abraham Bravo, un nombre con el que conviene familiarizarse si de inteligencia artificial se trata, como vicepresidente de AEDIA lo dejó clarísimo: «No debatimos cuándo llegará la IA, sino cómo vamos a convivir con ella en nuestro día a día». Y es que España, esa piel de toro que a veces reacciona con anestésica parsimonia, necesita de normativa y educación tecnológica tanto como de pan. Se requiere un salto casi quijotesco para establecer criterios éticos claros, una educación tecnológica que fluya hasta en los rincones más alejados, y la creación de espacios de supervisión que sean tan reales e independientes como necesarios. Es aquí donde entra en juego este programa nacional, una herramienta destinada a cerrar la brecha que amenaza con dejarnos rezagados. Porque, ¿de qué sirve surcar un mar de datos si no hay brújula ética ni estrellas que guíen?

Los cimientos de esta nueva estrategia incluyen la alfabetización y certificación con cursos abiertos para todo hijo de vecino, así como para administraciones y centros educativos. Un paso más allá, se disponen certificaciones que habrán de validar la aplicación de esas tenidas por necesarias pautas éticas en empresas y profesionales. Es, si se permite el paralelismo, como enseñar a cada nuevo conductor a no saltarse el semáforo en rojo. Además, se anuncia la publicación del «Primer Marco Español de IA Responsable», que se erige como un compendio de directrices y un mapa para el desarrollo correcto de sistemas de IA.

El plan también aspira a apoyar la transformación de municipios en algo nunca antes visto en las tierras ibéricas: «municipios inteligentes éticos». Por si fuera poco, el Observatorio Ciudadano de IA Responsable promete ser ese guardián al que tanto temen quienes solo utilizan la inteligencia artificial como sinónimo de lucro rápido. España, siempre mirando a Bruselas, apuesta por posicionarse estratégicamente ante el Reglamento Europeo de IA, el cual entrará en vigor en un 2025 que parece lejano pero está a la vuelta de la esquina. Este movimiento no es casual: el Foro Económico Mundial ya habla de inversión, innovación y talentos atraídos como abejas al néctar del desarrollo ético y responsable.

AEDIA pide a gritos una alianza nacional, un abrazo inclusivo a todos los sectores posibles. Porque en esta carrera hacia el futuro, no hay espacio para egos individuales. IA responsable y coordinada, eso necesitamos.

Fuente: El Portaluco