En el agridulce escenario de la modernidad digital, este artículo somete a un escrutinio crítico la creciente dependencia hacia las herramientas de Inteligencia Artificial dentro de los reinos de la terapia y el psicoanálisis.

Por más que estas tecnologías, seductoras por ser gratuitas, accesibles y disponibles día y noche, se rindan al tratamiento psicoanalítico innato —cual pintoresco oracle— no son rival ni mucho menos.

La máquina promete respuestas claras a las intrincadas preguntas existenciales de siempre: «¿Quién soy?» o «¿Qué quiero?».

El psicoanálisis, con sutileza y arte, prefiere descoser el hilo de la duda, dejando la respuesta en las manos del individuo y promoviendo un viaje introspectivo del alma.

Alerta debemos estar, entonces, ante los encantos de las terapias de nuevo cuño que pululan en las redes sociales.

Muchas, apoyadas en inteligencia artificial, son un espejismo que alivia apenas la angustia, apartando la vista de la riqueza de la singularidad del ser.

Por ende, concluye este artículo, que la IA funciona como un oráculo entretenido y de módica alcurnia, jamás capaz de suplantar con seriedad al veterano arte de la terapia psicoanalítica.

Fuente: Página12