En un esfuerzo por encauzar el destino de la inteligencia artificial, España y Costa Rica alzaron la voz en la reciente Asamblea General de la ONU, anunciando con firmeza el “Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA”.Este ilustre intento busca tejer un marco internacional de control para evitar lo que podría ser una catástrofe gestionada por pocos: el incremento de desigualdades mundiales y la aparición de un tablero lleno de “ganadores y perdedores”.

Las palabras del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, resuenan con eco urgente: sin una estrategia y acciones concretas, millones podrían encontrarse desprotegidos en medio de esta vorágine tecnológica.No todos los países gozan del lujo de la infraestructura requerida, ni cuentan con inversiones privadas o el codiciado talento para plantear competencia en el sector.

El peligro que acecha es, también, uno de naturaleza más sutil pero no menos insidiosa: la capacidad de la IA para reflejar y exacerbar sesgos preexistentes.Un ejemplo escalofriante proviene de la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Baerbock, quien señala que un abrumador 99% de las víctimas de la pornografía de ultrafalsos son mujeres. Es un eco de advertencias anteriores, una súplica a la cordura y la justicia en la era de la automatización.

El secretario general de la ONU, António Guterres, puntualizó con sabiduría que la creación de un tejido de confianza, claridad y disminución de desigualdades es ya imperativo.Un reflejo ante los abismos que la tecnología podría cavar en nuestras sociedades.

Sánchez trazó paralelismos históricos que invitan a la reflexión: el nacimiento del Organismo Internacional de Energía Atómica en 1957 fue un hito que hasta la fecha asegura que ninguna nación haya lanzado la destructora sombra de armamento nuclear contra otra.La historia podría repetirse, con la IA como motor de desarrollo o de discordia.

Las repercusiones de esta iniciativa se deslizan como un río, extendiéndose hacia empresas, desarrolladores y usuarios en España y toda Hispanoamérica.En su seno palpitan esperanzas de una tecnología que, en vez de vallas, abra caminos hacia un porvenir equitativo y seguro para todos.

El tiempo dictará si la apuesta a la regulación da frutos o si la sombra de una pesadilla democrática se cierne sobre nosotros.

Web fuente: https://news.un.org/es/story/2025/09/1540491