Este año, España se prepara para una avalancha paquetera sin precedentes, esperando mover 125 millones de envíos durante la frenética campaña del Black Friday, superando esos momentos de pandemia donde creíamos haberlo visto todo.
En este campo de batalla logístico, la inteligencia artificial y la robótica se han erigido como los nuevos generales. Transforman el arte de la entrega con una precisión y eficiencia que asusta. No en vano, el Ministerio para la Transición Digital advierte que un 8.3% de las compañías de transporte ya confían en la inteligencia artificial; un avance de dos puntos respecto al año anterior. Y este no es solo un dato en la pizarra, sino un indicativo de hacia dónde se dirige el futuro.
Las herramientas inteligentes son las profetas de la nueva era: anticipan la demanda con una clarividencia envidiable, orquestan la danza de las estanterías y manejan incansables legiones de robots. Estos héroes silenciosos permiten una planificación logística sofisticada, lista para encarar picos de demanda imposibles en otro tiempo.
Empresas como InPost no se han dormido en los laureles. Han potenciado su capacidad operativa un descomunal 220%, preparándose para gestionar medio millón de paquetes cada día. Usan la inteligencia artificial para algo más que organización interna: anticipan la disponibilidad del cliente y redirigen los paquetes automáticamente a los puntos de recogida, minimizando esos temidos intentos de entrega fallidos y optimizando la eficiencia con el aplomo de un reloj suizo.
Así es como esta tecnología, lejos de ser una amenaza, se ha convertido en el mejor aliado de los trabajadores, aliviando cargas físicas considerables y afinando costes y tiempos. Todo esto sucede en un año que promete ser legendario para el comercio electrónico en España y, por extensión, en el mundo hispanoamericano.
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