El viejo continente, con su ancestral afán de soberanía, ha decidido no quedarse atrás en la carrera tecnológica mundial.

Varios países europeos están tomando cartas en el asunto para desarrollar inteligencias artificiales propias que no solo compitan, sino que sean alternativas a las dominadas por gigantes de ultramar.

En el horizonte ibérico, España ha sacado su carta de triunfo con el proyecto Alia.

Se trata de una base de datos abierta que alberga tesoros como conjuntos de datos, modelos de lenguaje y herramientas en múltiples lenguas del territorio: español, euskera, catalán y gallego.

La idea es simple y luminosa: proporcionar a las startups la capacidad de erigir sus propios modelos.

En el teatro operativo, la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial, conocida por sus siglas AESIA, tiene un par de ases bajo la manga.

El primero, un chatbot al servicio de la Agencia Tributaria.

El segundo, una aplicación que diagnostica insuficiencia cardíaca, revelando un enfoque hacia la salud que podría revolucionar la medicina preventiva en el país.

El modelaje de esta IA se nutre de un extenso corpus de 1,7 millones de palabras en catalán, dispersas en 95 millones de frases robustas.

Cruzando la frontera hacia el oeste, Portugal desde 2024 se afana con Amalia, su propia IA soberana.

Una máquina que responde con elegancia en portugués contextual, genera código, y enfrenta tareas de alta complejidad.

Al norte, el Gobierno alemán no se queda atrás.

Con el respaldo de la universidad Leibniz de Hannover, se encuentra forjando SOOFI, un proyecto cuya ambición es libre como el viento.

Modelos potentes y soberanos con aplicaciones que tocan la educación, la salud y los servicios públicos figuran en su plan.

A diferencia de sus pares, sus arquitectos contemplan un recurso open source que, eso sí, podría exigir tarifas para quienes naveguen sin brújula profesional.

Con el entrenamiento en marcha desde junio de 2025, los alemanes atisban una versión lista para el fin de año.

Mientras las olas de innovación arrullan las costas europeas, las implicaciones son vastas para empresas, desarrolladores y usuarios del mundo hispanohablante.

Estos desarrollos prometen abrir campos fértiles para la localización lingüística y cultural de servicios, algo esencial para un mercado que busca siempre ese tan esquivo toque de cercanía.

En resumen, el reto está en casa y también -cómo no- al otro lado del mar.

Las empresas hispanas, de astucia proverbial, harían bien en aliarse o, al menos, tomar nota.

Porque entre leyendas y fábulas, las inteligencias artificiales están marcando el camino del futuro.

Fuente: Euronews