El Ministerio de Transformación Digital ha levantado el telón sobre un sorprendente retorno de capital: más de 1.000 millones de euros han sido devueltos, tras la renuncia a los susodichos fondos europeos. La cifra, que podría sofocar hasta al más escéptico, señala que cerca de 850 millones se originan de programas bajo el ala vigilante de Red.es, con el mentado Kit Digital para pymes como protagonista, mientras que casi 200 millones adicionales vienen de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones.

Por mucho que las pymes hayan rechazado su parte del pastel digital inicial, casi 800 millones del Kit Digital, la mayoría ha regresado al ruedo en convocatorias posteriores, moviendo ficha en un ajedrez estratégico cuya evolución está siendo completamente escrutinizada. Detrás del telón, la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) vigila con lupa la gestión y, por supuesto, la transparencia de estos fondos, especialmente los acuerdos que tienen como figura al empresario Carlos Barrabés, el cual, según los murmullos palaciegos, cuenta con la recomendación de Begoña Gómez, la esposa del presidente en funciones.

Mientras las piezas de este rompecabezas económico intentan encontrar su lugar, la nación se enfrenta a un capítulo nuevo y radiante: España instalará su segunda factoría europea de inteligencia artificial en el emblemático Centro de Supercomputación de Galicia. Como quien no quiere la cosa, un consorcio, con la participación de pesos pesados como Telefónica, MasOrange y Nvidia, se dispone a inyectar una monumental suma de 5.000 millones de euros en una apoteósica gigafactoría de inteligencia artificial.

Las implicaciones son varias y profundas. Para empresas y desarrolladores hispanoamericanos, esta vuelta a las andadas en la gestión de fondos europeos ofrece una lección de cautela y estrategia. Ahora más que nunca, la transparencia y buen uso de los recursos públicos no solo interesan a quienes manejan el dinero entre bastidores, sino también a quienes apuestan en el tablero iberoamericano, donde la innovación tecnológica clama por una oportunidad para despuntar.

Fuente: El Mundo