El 21 de agosto de 2025, Amnistía Internacional lanzó un informe que resuena como una ráfaga de metralla en un desolado campo de batalla. Bajo el ojo frio de la Administración Trump, la inteligencia artificial se ha convertido en un aliado insidioso para rastrear y vigilar a migrantes, particularmente aquellos refugiados y solicitantes de asilo que huyen buscando solo una esperanza.
No se quedan atrás en este sórdido tablero las voces que alzan en defensa de los derechos palestinos. Tecnologías que alguna vez se imaginaron como el epítome del progreso, Babel X de Babel Street y Immigration OS de Palantir, ahora despliegan siniestros tentáculos sobre quienes jamás sospecharon que sus movimientos y relaciones en redes serían minuciosamente escrutados.
Este método, apodado sin eufemismos como «Capturar y revocar», constituye un formidable riesgo, una condena latente que pende cual espada de Damocles sobre la integridad y el destino de muchos. Las revocaciones arbitrarias de visados, devoluciones forzosas y violaciones múltiples a los derechos humanos se dibujan en el horizonte como sombras amenazantes.
Erika Guevara Rosas, la directora general de Investigación de Amnistía, no titubeó al describir el alambre de espino que estas prácticas colocan en el camino de quienes huyen hacia la dignidad. Nadie debería ver sus derechos fundamentales mancillados por un ojo vigilante que no desaprueba ni perdona.
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