En la península ibérica, la sombra del ciberdelito se extiende con celeridad y astucia. En la primera mitad de 2025, los registros elevan la cifra de ciberataques a 245.191, un inquietante 3,4% más que el año anterior.
La inteligencia artificial, ese invento tan joven como impactante, se ha erigido en cómplice inesperado de los malhechores de la era digital.
Con un sorprendente incremento del 488,3% en estafas informáticas durante los últimos nueve años, esta tecnología no solo acelera la ejecución de robos y extorsiones, sino que también abre las puertas del crimen a un abanico más amplio de aficionados al delito.
Por precios accesibles, que van de los 85 a los 1.000 euros, las herramientas tecnológicas democratizan el ataque, permitiendo recompensas que pueden alcanzar hasta medio millón de euros.
La inteligencia artificial reduce las barreras para los que antaño carecían del conocimiento técnico necesario, haciendo que los ataques se multipliquen como espectros en la noche.
Pese a ello, los expertos aseguran que el grueso de estos embates todavía puede ser detectado por métodos tradicionales.
En esencia, la modalidad delictiva mantiene su esencia, pero la velocidad y volumen con que se desatan sus ofensivas han crecido de manera vertiginosa.
Para empresas, desarrolladores y usuarios, especialmente en territorios como España e Hispanoamérica, este escenario demanda una revisión exhaustiva de sus sistemas de defensa y una inversión en tecnología de protección.
Es una llamada a la acción para no quedarse rezagados en esta carrera feroz entre el bien y el mal digital.
Referencia: El País
