Mustafa Suleyman, el sagaz comandante en jefe de inteligencia artificial en Microsoft y valiente cofundador de DeepMind, lanzó una advertencia tan elocuente como urgente sobre un fenómeno que ha bautizado cual visionario literario: “psicosis por IA”.
Imagina usted, querido lector, a algunos usuarios confundiendo la elegante complejidad de los modelos de lenguaje, como esos titanes digitales ChatGPT, Claude o Grok, con una suerte de conciencia o sensibilidad que no existe más allá del ámbito de la ciencia ficción.
Suleyman, con la serenidad de un experto curtido en mil debates tecnológicos, subrayó que no hay un ápice de evidencia que apunte a una conciencia real en estas inteligencias, aunque su diseño, cada día más naturalista y convincente, induce a percepciones erróneas.
Muchos llegan incluso a considerar a estos chatbots como entidades conscientes.
Este fenómeno que el perspicaz Suleyman define, aunque no clínicamente, identifica la desconexión entre la fría tecnología y la cálida percepción humana, una brecha que nos empuja hacia riesgos tanto sociales como psicológicos.
Suleyman dejó claro que la pasividad es un lujo que no podemos permitirnos.
Debemos forjar políticas y prácticas que mitiguen los riesgos asociados a esta percepción errónea.
Esto, en un contexto donde la regulación y los debates públicos buscan con ímpetu hercúleo equilibrar el vasto potencial de la inteligencia artificial con sus posibles impactos perjudiciales o malentendidos.
Fuente: Infobae
