Con un rugido que ha sacudido los cimientos del sector tecnológico, la inteligencia artificial se abre paso con voracidad inusitada, provocando una insaciable demanda en el mercado laboral reflejada en un crecimiento del 30% en ofertas de trabajo durante el último año, según los avispados de InfoJobs.

En esta estampida digital, ChatGPT se erige como un coloso, superando la barrera de los 400 millones de usuarios, mientras el mundo observa boquiabierto su ascenso.

A pesar de este febril avance, la educación, rezagada en esta carrera, ofrece un reflejo inverso: menos de un mísero 1% de los grados universitarios en las diez universidades más prestigiosas del Ranking QS muestran un vínculo directo con esta criatura tecnológica que es la IA.

En España, un país que se jacta de su temprana adopción de avances tecnológicos, apenas un par de instituciones, la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), han tenido la audacia de desarrollar programas especializados en inteligencia artificial, cada uno con escasas cincuenta plazas para una demanda que supera las 400 solicitudes.

El mundo académico, sumido en la burocracia que le es habitual, alega procedimientos lentos en el desarrollo y acreditación de sus planes de estudio.

La primera legión de graduados en inteligencia artificial de la UPC ha visto la luz este año, ansiosos por acceder a un mercado que los reclama con urgencia.

Las implicaciones para las empresas, desarrolladores y usuarios en España e Hispanoamérica son evidentes: una brecha educativa podría obstaculizar la capacidad de adaptación y el crecimiento dentro de un ecosistema que no espera por nadie.

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